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Tras ver el documental ‘Page One, un día en el New York Times’ (lanzada el 2011 pero que muestra la realidad del 2010) me pareció más tangible que nunca  la crisis que vive el periodismo escrito en estas épocas. Ante esta situación  los medios buscan una solución a la gran pregunta ¿Cuál es el modelo de negocio de la prensa en el mundo de la Internet?

Por un lado el periodismo tradicional quiere aferrarse al cobro por contenidos en la red, a pesar de que saben que el Ipad no es el Ipod del periodismo. (Sino veamos el cierre de The Daily) .  Los resultados del New York Times demuestran, casi dos años después del lanzamiento del ‘pay wall’, que se crece en ingresos por suscripciones y se  decrecen en ingresos por publicidad. Cada vez los índices demuestran que  se sigue cayendo en lectores y en publicidad y que se crece, pero muy pocos en publicidad on line.

Mientras tanto, los diario impresos se siguen aferrando a nuevos métodos arcaicos para lograr ingresos. La nueva salida: cobrarle a Google por la indexación. Crear un ‘Impuesta Google’.  Es decir cobrarle al buscador cada vez que cree un link a un contenido de alguna de sus sitios.  Los medios ven como un gran ejemplo, la impronta de los medios impresos brasileños que ha pedido, en masa, salirse de Google News. Y todos los periódicos lo ven como un gran acto de rebeldía.

Los medios impresos piensan: nosotros le proveemos historias, nosotros le proveemos noticias, nosotros le ofrecemos información de calidad, entonces hay que cobrar por eso. Los periódicos aún creen que solo ellos tienen la prerrogativa de publicar. Que solo ellos tienen la capacidad de sacar a la luz contenidos de calidad. Que solo ellos son los grandes productores de noticias.

El pecado de los medios impresos es la arrogancia. Esa arrogancia de no entender quien es quien en el mundo de la red. Que los dueños de la Internet no son Google o Facebook, sino la audiencia (por más demagógico que suene).   Los medios periodísticos se escudan bajo sus cabeceras pensando que podrán seguir viviendo de su credibilidad, acuñada en decadas, a pesar del éxito del Huffington Post en pocos años.

La agregación, los algoritmos, el periodismo social, la web semántica, el periodismo ciudadano no son palabras conocidas para el periodismo impreso en la red.  Ellos creen que pueden seguir vendiendo noticias en la red como lo hacían en el mundo real. Creen que pueden seguir vendiendo anuncios, como espacios de revista.  Nada de personalización de contenidos, cero de nichos y segmentación, poco de comunidades y redes sociales y casi nada de periodismo creado por la audiencia.

Cómo dijo The Economist, así Google les pagara, esto no salvaría a los medios impresos. Los dilemas no son solo lo económico, sino la forma de concebir las noticias.

Creer en la defensa del derecho de autor a ultranza, en desmedro de la viralización e indexación. El creer que ellos pueden ser los dueños de la noticia, cuando las noticias son de la audiencia y para la audiencia.  Pensar que Google es su competencia.

Google no es su mecenas y aún menos su competencia. Google no es un medio sino una plataforma. No actúa como tal y su modelo de negocios está centrado en muchas otras cosas más (Long Tale) que vender banners.  Los medios deben dejar atrás la arrogancia y pensar en la audiencia como vía para un modelo de negocios.