Un alumno estaba absorto y quizás indignado ante mi clase. ¡Una clase sobre “memes”!. En realidad, a mí me parecía también muy banal hablar sobre estos carteles de colores con letras y rostros grandilocuentes que pululan en las redes sociales, pero yo sabía a donde quería llegar, aunque no conocía el camino. Cómo me pasa siempre en las clases, a través de mi expresión oral encontré la luz de esa ruta. Comencé a entender la memética.

Durante la etapa impresa, viéndolo bajo el prisma del ‘Paréntesis Gutenberg’, el conocimiento, creación o noticia, tenía como fin llegar a un receptor. Este consumidor recibía esta información filtrada y la atesoraba como tal. Una información pulida y terminada que satisfacía su necesidad de información, en un mundo donde la escases de data era el habitad.

Sin embargo, con la irrupción de Internet, en pleno umbral post Gutenberg, la audiencia fue aprendiendo a interactuar con el conocimiento, a responder ante la información. Es así como estos antiguos lectores comenzaron a dejar comentarios y calificar las publicaciones, en una primera instancia, y crear y publicar en una segunda etapa. Es en este instante en donde el consumidor se transforma en un prosumidor.

Pero, la luz, de las que les hablé, viene acá:  ahora la audiencia no solo quiere producir contenido, para que otros usuarios interactúen. El deseo mayor es que este conocimiento se transforme. Que esta información mute a través de los cientos de remixeos o sampleos que utilicen otros prosumidores. Es ahí donde nacen los memes.

Los memes son la primigenia de la transformación de la información. Es la etapa post Gutenberg, en donde la información emitida es un primer input de lo que será una transformación permanente de esta data, hasta lograr nuevas versiones mejoradas del conocimiento primario. Los artistas, músicos y escritores, al mejor estilo ‘open source’, comenzarán a buscar que sus creaciones muten y se transformen y sean parte de la colectividad, como pasa con los memes.

 

Los memes son la clara representación del nuevo conocimiento colectivo, sincronizado, veloz y en permanente transformación.
Muy pronto, artista y hasta periodistas querrá que su creación sea un meme. Que sea el disparador de tendencias virales, con un origen difuso pero con una transformación permanente.